Canterbury, 27 de marzo de 2026.- Sarah Mullally fue entronizada este 25 de marzo como la primera mujer en ocupar el cargo de arzobispa de Canterbury, convirtiéndose en la líder espiritual de la Iglesia anglicana. La ceremonia se llevó a cabo en la catedral de Canterbury, considerada la cuna del cristianismo en Inglaterra, con la asistencia de los príncipes de Gales, Guillermo y Catalina, así como invitados de distintas religiones, incluyendo cristianos, musulmanes, hindúes y judíos.
Mullally, de 63 años de edad y exobispa de Londres, asumió formalmente la posición número 106 en la historia de la institución, la cual dirige a aproximadamente 85 millones de fieles en todo el mundo. Su nombramiento representa un cambio significativo para la comunión anglicana, que cuenta con alrededor de un millón de practicantes regulares en Gran Bretaña.
Durante la ceremonia, la nueva primada tomó posesión del cargo que había permanecido vacante tras la dimisión de su predecesor. En sus primeras declaraciones tras la confirmación, Mullally señaló que el puesto representa una “enorme responsabilidad”, pero expresó tener una sensación de “paz y confianza en que Dios la guiará” en su nueva función dentro de la vida pública y religiosa.
La trayectoria de Mullally incluye experiencia previa como enfermera y partera antes de ordenarse como ministra en 2001. En 2017, ya había marcado un precedente al convertirse en la primera mujer obispa de Londres. Su llegada al arzobispado ocurre en un momento donde la iglesia enfrenta discusiones sobre temas morales y políticos complejos en el Reino Unido.
El evento contó con la presencia de dignatarios nacionales e internacionales, reafirmando el papel del arzobispo de Canterbury no solo como jefe espiritual, sino como una figura con escaño en la Cámara de los Lores del Parlamento británico, donde participa en debates sobre política pública y libertad religiosa.
Con esta entronización, se cierra un proceso de selección iniciado meses atrás, consolidando a Mullally como la máxima autoridad de una iglesia fundada en el siglo XVI. La ceremonia en la ciudad de Canterbury simboliza la continuidad de una tradición milenaria que ahora incorpora por primera vez a una mujer en su máximo liderazgo.
