Por Redacción
Tinum, 23 de marzo de 2026.- Más de 15 mil personas se congregaron en la zona arqueológica de Chichén Itzá para presenciar el fenómeno del equinoccio de primavera, marcado por el descenso de la serpiente emplumada Kukulcán, ocurrido el 21 de marzo de 2026. El evento, coordinado por el Patronato de las Unidades de Servicios Culturales y Turísticos del Estado de Yucatán (Cultur), contó con un operativo de organización que no se aplicaba en el sitio desde hace siete años.
David Escalante Lombard, director general de Cultur, destacó que las medidas implementadas permitieron poner en marcha estrategias de orden que garantizaron el desarrollo de la celebración. La afluencia masiva de visitantes nacionales y extranjeros convirtió a este sitio prehispánico en el punto principal de conmemoración del fenómeno astronómico en México.
De manera simultánea, cientos de turistas se reunieron en el sitio de Cacaxtla-Xochitécatl, en Tlaxcala, para observar el mismo evento. Medios locales reportaron la presencia de públicos diversos en este enclave arqueológico, aunque no se difundieron cifras exactas sobre la cantidad de asistentes en dicha ubicación.
En el ámbito científico, expertos precisaron los detalles técnicos del fenómeno. Tatiana Kokina Yurova, responsable del Observatorio Astronómico de la Universidad Autónoma de Sinaloa, indicó que el equinoccio comenzó el 20 de marzo a las 14:45 UTC, lo que en Sinaloa correspondió a las 07:46 horas. Este registro marcó el inicio de las observaciones en la región de Cosalá.
José Franco, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM, explicó que las fechas y horas exactas del equinoccio varían cada año, lo que requiere cálculos precisos para determinar el momento óptimo de observación en las diferentes zonas arqueológicas del país. La variación anual es un factor clave que los especialistas consideran para informar al público sobre el timing del evento.
La celebración del equinoccio de primavera 2026 consolidó a Chichén Itzá como el epicentro de la convocatoria en la península de Yucatán, mientras que otras regiones como Tlaxcala y Sinaloa ofrecieron alternativas para la contemplación del fenómeno, integrando la tradición cultural con la precisión astronómica.
