Redacción
Ciudad de México.- Cuando Ana terminó la preparatoria, su decisión sorprendió a toda la familia. En lugar de inscribirse directamente a una licenciatura tradicional, combinó un programa universitario flexible con certificaciones en diseño UX, talleres de desarrollo personal y un proyecto de emprendimiento social. Dos años después, mientras sus compañeros aún debaten si eligieron la carrera correcta, Ana ya trabaja en una startup tecnológica, dirige su propio proyecto y continúa formándose según sus intereses. Ana no es la excepción. Es parte de una generación que está transformando radicalmente la manera de entender la educación superior.
El 91% de los centennials considera fundamental que su trabajo tenga un propósito alineado con sus valores personales, revela la Encuesta Global 2025 de Deloitte. Esta cifra refleja un cambio profundo: para la Generación Z, la formación universitaria ya no es un camino lineal que se recorre por inercia, sino una construcción personalizada que responde a su propósito de vida, estilo individual y ritmo propio. Quieren formarse en instituciones que compartan sus valores, que aborden temas como sostenibilidad, inclusión y bienestar integral.
“Estamos presenciando un cambio de paradigma donde los estudiantes ya no preguntan ‘¿a qué universidad debo ir?’, sino ‘¿qué experiencia de aprendizaje me acerca a mi propósito?'”, explica el Dr. Luis Gutiérrez, vicerrector académico de Tecmilenio. “La universidad del futuro debe ser un ecosistema que acompañe trayectorias únicas, no una fábrica que produzca perfiles idénticos. Los centennials nos están enseñando que la educación personalizada no es un lujo sino una necesidad”.
Durante décadas, el camino universitario se entendió como una autopista de un sólo carril: elige una carrera a los 18 años, cursa cuatro o cinco años ininterrumpidos de clases, obtén un título y espera que el mercado laboral te reciba. Los centennials muestran que ese modelo ya no funciona. Sólo el 6% de la Generación Z dice que su principal objetivo profesional es alcanzar una posición de liderazgo, mientras que el equilibrio entre trabajo y vida personal encabeza su lista de prioridades, según datos de Deloitte.
Esta generación creció con acceso ilimitado a información, herramientas digitales y referentes diversos. Aprendieron a programar con tutoriales de YouTube, a diseñar con cursos en línea y a emprender gracias a creadores de contenido. Para ellos, el conocimiento no reside exclusivamente en las aulas. El aprendizaje fragmentado y personalizado gana fuerza, con credenciales y aprendizajes modulares que permiten a los profesionales formarse en áreas muy concretas, confirma un análisis de tendencias educativas 2025.
Las credenciales están revolucionando la forma de acreditar conocimientos. Según un informe de LinkedIn sobre la fuerza laboral, el 76% de los reclutadores prefieren candidatos que certifiquen habilidades específicas mediante formatos digitales. Estos programas, que pueden completarse en semanas, ofrecen algo que los títulos tradicionales tardan años en proporcionar: relevancia inmediata y aplicabilidad práctica.
La universidad como ecosistema de acompañamiento
Pero, ¿cómo evolucionar de ser proveedoras de contenido a convertirse en facilitadores de trayectorias personalizadas? La respuesta está en modelos educativos que combinen estructura con flexibilidad, calidad académica con experiencias reales y práctica inmediata.
Universidades como Tecmilenio están respondiendo con propuestas innovadoras. Su modelo MAPS (Modular, Apilable, Personalizable) representa un ejemplo de cómo la educación superior puede adaptarse a las necesidades de los centennials. Este enfoque permite a los estudiantes construir su propio camino formativo con experiencias de aprendizaje flexibles, proyectos reales y desarrollo de habilidades socioemocionales.
Este enfoque incluye la integración de certificados modulares que los estudiantes pueden obtener durante su trayectoria universitaria, lo cual agrega valor inmediato a su perfil profesional. También contempla alianzas con empresas e industrias para garantizar que el aprendizaje esté conectado con desafíos reales del mercado laboral.
La generación Z está más centrada en el equilibrio entre el trabajo y la vida personal que en ascender en la escala corporativa. Esta perspectiva obliga a las universidades a repensar no sólo qué enseñan, sino cómo lo enseñan. Programas con horarios flexibles, opciones híbridas, espacios para el autocuidado y el bienestar emocional ya no son extras opcionales, son requisitos básicos para atraer y retener a estos estudiantes.
Tecmilenio forma parte de las instituciones que guían esta transformación en México, al ofrecer programas diseñados para una generación que exige autonomía, flexibilidad y propósito. Con su enfoque en educación personalizada y su modelo MAPS, la universidad está demostrando que es posible combinar calidad académica con las demandas de los estudiantes del siglo XXI.
Los centennials no rechazan la educación superior: exigen que sea mejor, más relevante, más humana. Y en ese proceso construyen el futuro de la formación universitaria: uno donde cada estudiante puede elegir su propio camino, donde el aprendizaje continuo es la norma y donde el propósito personal es tan importante como el título profesional.
