Ciudad De México, 02 de junio de 2026.- El lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022 fue un punto de inflexión en el tema de la inteligencia artificial, eliminando la necesidad de saber programar para interactuar con ella. En América Latina, el uso creciente de tecnología como cámaras trampa y bioacústica ayuda a científicos a monitorear bosques, seguir especies y elaborar programas para la protección de la biodiversidad.

El gran volumen de información generado por tecnologías de monitoreo requería un intenso trabajo de procesamiento por parte de investigadores, creando un cuello de botella. Sin embargo, la inteligencia artificial permite hacer 100 o 1000 veces más procesamiento de datos que antes.

“El gran paso adelante de la IA no es que identifiquemos aves —los expertos también identifican aves—. Lo interesante con la IA es que nos permite hacer 100 o 1000 veces más procesamiento de datos que antes. Esa es la cosa crítica”, señaló Jörg Müller.

En la región ya existen proyectos que han obtenido resultados que hace unos años parecían imposibles de lograr. En Argentina, biólogos y físicos trabajan para grabar y procesar los cantos de un ave esquiva que se creyó extinta durante 40 años.

En Ecuador, un proyecto científico detecta en tiempo real los sonidos de las motosierras y los disparos para que dos comunidades indígenas kichwa puedan proteger su territorio en la Amazonía. Por su parte, en Colombia, una investigadora se alió con una institución pública para sobrevolar un páramo calcinado y al procesar los videos de dron reconocer cuántos frailejones murieron y cuántos sobrevivieron.

Adicionalmente, el Instituto Smithsonian trabaja contrarreloj en Panamá para describir la gran variedad de insectos que habita en la isla de Barro Colorado antes de que se extingan.